El día del Maestro en Venezuela

Aquellos venezolanos a quienes, en los comienzos del siglo, correspondió levantar la bandera de la educación como símbolo emblemático del nuevo rumbo que tomaría la nación en su marcha hacia el futuro, han pasado a ser en el presente, los principales próceres civiles de esta otra gran epopeya nacional que fue la gesta en pro de la libertad de pensamiento, de la salud y de la elevación del nivel cultural y científico del pueblo venezolano. Después del tiempo de nuestra lucha emancipadora, durante el cual hubo extraordinarias iniciativas intelectuales, en las que muchos de los ideólogos y libertadores demostraron su indiscutible capacidad para crear la República y proyectarla hacia el futuro, debidamente sustentada en la moral y las luces, los casos de figuración por alguna actuación significativamente destacada en el escenario nacional, ocurridos particularmente en el campo de la educación, con algunas honrosas excepciones como la del doctor José María Vargas y, quizás la de Guzmán Blanco, por la promulgación del Decreto de Instrucción Popular Gratuita y Obligatoria, no fueron muchos. En el siglo XX, en cambio, los actos de tal naturaleza, tanto cuantitativa como cualitativamente, constituyen una proporción muy significativa y su repercusión en el progreso de la educación, la ciencia, la cultura y la  tecnología, han tenido tal relevancia en cuanto a la profundidad y trascendencia intelectual de sus efectos en la vida nacional, que evidencian de manera indiscutible su positiva influencia en el proceso de conformación de las ideas y de los valores que condujeron a la consolidación y fortalecimiento de la identidad social, política y cultural del país. Fueron muchos los hombres cuyas obras contribuyeron a proporcionarle a la Nación uno de los más importantes logros que haya alcanzado alguna vez el pueblo venezolano, cual fue aquel de tomar conciencia sobre la importancia de la educación, como única forma digna para superar de manera permanente los graves desniveles socioculturales padecidos por la colectividad en general. Sólo después de haberse logrado enraizar este principio en la conciencia nacional, resultó viable el propósito de luchar para que el pueblo mantuviera una ejemplar actitud y una perseverante voluntad, a la hora de aspirar a tener, como justificación primordial de todos sus esfuerzos, una Nación que sustentara su poder y su grandeza en los valores culturales y en el talento y la capacidad de producción de sus habitantes.

En Venezuela, estas ideas transformadoras de la sociedad, a través de la elevación del nivel cultural del pueblo, fueron liderizadas por dos jóvenes educadores margariteños, cuya indiscutible sensibilidad por el progreso de la educación, los impulsó a organizar en 1932, la Sociedad Venezolana de Maestros de Instrucción Primaria (SVMIP), como institución de carácter estrictamente intelectual, dedicada al estudio de las ideas y movimientos pedagógicos que, para la época, ya tenían positiva acogida en algunos países de Europa y en los Estados Unidos. Se trata de los maestros Miguel Suniaga y Luis Beltrán Prieto Figueroa quienes, para compartir mejor las novedades de las informaciones procedentes del exterior sobre la Escuela Nueva, se dispusieron a crear pequeñas agrupaciones de estudio, con el fin de analizar las noticias e ideas procedentes del exterior, que aparecían en las publicaciones llegadas a sus manos desde otros países. Estos círculos estimularon la organización de la SVMIP y, a través de ella, los demás educadores del país se beneficiarían con información precisa y actualizada, sobre las corrientes que estaban revolucionando la educación en otras partes del mundo, como era el caso del movimiento de la Escuela Nueva, liderizada principalmente por los pedagogos de la Escuela Activa, tales como John Dewey y Kerschesteiner en los Estados Unidos y Ovidio Decroly y Jean Piaget en Europa. Luis Beltrán Prieto y Miguel Suniaga, al crear la SVMIP asumen entre sus tareas fundamentales, la de llevar a cabo un trabajo de motivación e intercambio intelectual, destinado a captar adeptos entre los educadores jóvenes del país, para indagar y discutir sobre aquel proceso de renovación pedagógica que, para la época, era casi desconocido entre los educadores venezolanos. Por tal razón era imperativo constituir pequeños círculos de lectores que analizaran, tradujeran y difundieran toda la literatura que se recibiera, con el fin de mantener debidamente informados a los miembros de la SVMIP. Así nace en Venezuela, la primera organización de maestros, cuyo crecimiento comienza a hacerse sentir cada vez más, dada la fuerte motivación intelectual que la justificaba y el permanente interés de los maestros del país por superar su formación profesional y poder prestar un mejor servicio a la educación. Cuando el número de representaciones de la SVMIP alcanzó una proporción significativa a nivel nacional, surgió la necesidad de revisar su estructura e infundirle una organización más dinámica y mejor identificada con los deseos de llevar a cabo funciones específicas dirigidas al bienestar de los maestros, de la cultura y de los niños. Para concretar este propósito, se convocó en agosto de 1936, la Primera Convención Nacional del Magisterio Venezolano, celebrada en Caracas entre el 25 de agosto y el 5 de setiembre de dicho año. Este evento constituyó la primera movilización nacional de profesionales, realizada en el país hasta esa fecha. Su éxito fue tan rotundo, que dio paso para impulsar la conveniencia de imprimirle carácter gremial a la anterior Sociedad Venezolana de Maestros de Instrucción Primaria, aspiración que al fin se concreta con la creación de la Federación Venezolana de Maestros, cuyo primer Presidente sería el doctor Luis Beltrán Prieto Figueroa.

Esta Primera Convención Nacional del Magisterio no sólo abordó como puntos de su temario la consideración y análisis de los graves problemas confrontados entonces en el campo de la educación, la sanidad y la protección social y jurídica del niño, así como de otra serie de aspectos de índole política, económica y social, concernientes al maestro y a la sociedad en general, sino que acordó  plantearse un ambicioso programa de trabajo, del cual derivarían acciones inmediatas por cumplir, tanto por las autoridades correspondientes del país, en cuantas tareas eran de su competencia, así como también por la propia Federación Venezolana de Maestros. Aquel era un momento en el cual la Nación entera vivía la euforia del renacer democrático y, en el mismo, se alentaba la esperanza de un futuro promisor que, en todos los órdenes de la vida, fortalecía el optimismo de los sectores preocupados por el progreso del país. Dentro de éstos, el magisterio asumió un gran protagonismo en dicha empresa; percibió que su naciente organización no podía ser sólo una instancia para las declaraciones, los reclamos y las aspiraciones, sino, por encima de todo, lo sería para la asunción de responsabilidades y para liderizar hasta sus últimas consecuencias, el alcance de sus propósitos. Consecuente con esta realidad, el doctor Prieto Figueroa, cuando prestó su juramento como primer presidente del gremio, lo hizo con la firme convicción de que, en ese momento estaba asumiendo, de igual modo, el compromiso de lucha por una causa con la cual estaba plenamente identificado y de cuyo futuro no podría desprenderse. Así lo dejó traslucir en la apasionada exaltación hecha en el discurso pronunciado en el acto de clausura de aquella histórica Primera Convención Nacional del Magisterio:

Maestros de Venezuela, compañeros convencionales: La labor es ardua, pero de nuestra unión y de nuestra pujanza dependerán los éxitos que alcanzaremos; que ni el fracaso momentáneo, ni la gritería de los retrógrados inconformes y obtusos, ni la injusticia de hoy desvíe vuestras intenciones, porque el futuro es nuestro, y entonces habrá justicia, y en vez de fracasos habrá triunfos y el maestro paria será el redentor, y el maestro pisoteado y abatido se levantará de su postración para marchar al frente de las generaciones creadas por su esfuerzo, plenas de humanidad y con un sentido nuevo de la vida. (Prieto Figueroa, 1932, p. 142)

La calidad y trascendencia de los acuerdos y propuestas aprobados en esta Primera Convención Nacional del Magisterio Venezolano han tenido alcances tan decisivos en el mejoramiento de la educación que,  aún con todo el progreso propio de los tiempos actuales, la visión de modernidad y las ideas progresistas manejadas en aquel evento, justifican su evocación, como uno de los acontecimientos de mayor repercusión en la transformación social, política y cultural del pueblo venezolano. Con la excepción de los grandes esfuerzos iniciados durante el período de ideologización pedagógica que protagonizó el magisterio agrupado en la Sociedad Venezolana de Maestros de Instrucción Primaria, a partir de su creación, el 15 de enero de 1932, no ha habido en Venezuela ningún otro movimiento de profesionales del magisterio, que se pueda igualar en trascendencia al que, en 1936, bajo el liderazgo del doctor Luis Beltrán Prieto Figueroa, culminó con la creación de la Federación Venezolana de Maestros. La imagen más reveladora del estado de atraso prevaleciente en la educación del país, para el momento de realizarse esta primera Convención Nacional del Magisterio Venezolano, la da el propio Director de Educación Primaria y Normal del Ministerio de Educación, el eminente profesor Pedro Arnal, quien asistió a dicho evento en representación del respectivo Despacho y en su intervención, durante el acto de clausura, además de reconocer y valorar como muy positivas las recomendaciones y acuerdos de la Convención, hace una afirmación de esta importancia: “Y volviendo ahora a nuestra escuela, debo decir de una manera categórica, con la convicción de casi 20 años de continuo laborar y para que quede constancia especial de ello, que en Venezuela no existe la Escuela Nacional y que es necesario que todos aprovechemos las ya comprobadas buenas intenciones de un Gobierno que comienza, para crear la escuela venezolana.” (Ibid., p. 32). Como puede apreciarse en la afirmación precedente, en razón de la credibilidad y autoridad profesional del funcionario que la hace, ésta constituye una evidencia muy importante sobre el estado de nuestra educación y la grave inexistencia de valor institucional en la escuela de entonces. Son tales testimonios, junto con las demás realidades abordadas en las deliberaciones de aquella institución gremial que se constituía en ese momento, los que dieron sustentación para presentar el respectivo plan de acción que se aprobó previamente para regir las acciones que cumpliría el gremio en un futuro. De igual manera, fueron estos mismos hechos los que insuflaron fe y fortalecieron la voluntad del doctor Luis Beltrán Prieto Figueroa, para iniciar el largo y fructífero recorrido de su apasionado magisterio.

ESCRITO POR el  Profesor Eduardo Rivas Casado erivasc@cantv.net

Investigación y Postgrado Luis Beltran Prieto

Una respuesta sobre “El día del Maestro en Venezuela”

  1. Julieta Arnal Dice:

    No tuve la dicha de conocer”personalmente” a mi Abuelo Paterno PEDRO ARNAL DE CASTRO por haber fallecido muy joven, a los 48 años de edad. Pero por medio de mi Papá , también fallecido hace 6 años, PEDRO ARNAL GONZÁLEZ, puedo decir que SI lo conocí. Mi Papá siempre dijo que mi abuelo fue un Padre maravilloso, esposo, persona, educador, trabajador extraordinario, inteligente. Junto a Rómulo Gallegos fueron los grandes profesores de Jacinto Covit. (ver biografía). Y mi Papá, Ingeniero Civil, fue como su Papá.

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