El año pasado por estas fechas se anunció un nuevo ahora sí, las escuelas
van a quedar chévere. Todas, sin excepción, a la velocidad del rayo. Todos
los problemas quedarían resueltos, por intermedio del Plan Nacional de
Mantenimiento del Habitat Escolar, inspirado en la bondad infinita de un
Presidente de Venezuela, que deseaba ganar las elecciones del momento y que sustituía sin explicación alguna a otro anterior denominado Plan Excepcional Simón
Bolívar. Pasó el tiempo, pasaron las elecciones y el anuncio se fue
haciendo más, hasta que se perdió en la jauría de denuncias sobre el
mal estado de las escuelas del circuito de la precariedad. Todo el año
escolar estuvo plagado de quejas respecto al mal estado de las escuelas a
las que asiste el pueblo más mentado, pero olvidado. Techos rotos, baños
colapsados, obras inconclusas, promesas incumplidas, en fin, precariedad y
más precariedad (física y espiritual) fue la noticia cotidiana a todo lo
largo del año.
Hoy la nueva oferta, la nueva inspiración divina del pastoreo de nubes en
que se ha convertido el Gobierno de la Educación es el Programa “Una gota de
amor para mi escuela2. De repente y sin conexión alguna con todo lo
intentado en estos trece años, desde el primer plan de recuperación y
mantenimiento de las escuelas: el Plan Bolívar 2000. Cero evaluaciones, nada
balances de expectativas versus resultados, pura propaganda en cadena
nacional. Pura evangelización de la religión política del momento.
Escrito por el Profe Luis Bravo de memoria educativa