El Proyecto Canaima, una computadora en el hogar de cada escolar de los primeros grados de primaria, se pone turbio. Más bien cotidiano cuando se trata de hacer propaganda con los programas educativos. Una mezcolanza entre exageraciones y hechos confusos. Más allá de que no hay quien objete sus virtudes, en el plano de la intención, la información que están produciendo sus voceros hace temer lo peor: que termine pasando algo parecido a lo que ocurrió con el programa de alfabetización Misión Robinson I, que se ahogó en un mar de propaganda. Programas educativos bienintencionados de altísima resonancia mediática pero con escasa demostración de sus alcances y virtudes en el terreno. Mejor para utilizarse para captar adhesiones y votos que para la inclusión temprana de los escolares en el mundo de la información digitalizada. Lo que está diciendo el Presidente no coincide con los resultados destacados por los funcionarios que se ocupan del Proyecto Canaima, cosa preocupante e incita a la duda respecto a la operación y resultados reales del programa pedagógico bandera de la actualidad. Un mar de palabras huecas con poquísima relación con la información que se debe producir para que el país sepa en qué se gastan los dineros del Estado.
Ocurre, también, que en el Programa de Alimentación Escolar (PAE) hay una gigantesca discrepancia entre lo que se proclama y las magras previsiones financieras que se hicieron para el presupuesto 2011. Si el año pasado el dinero alcanzó para un poco más de enero, el presente no llegará ni a eso, si el registro que coleccionamos para la Memoria Educativa Venezolana tiene algo de veracidad, cuando se estiman costos muy por debajo de la realidad. Lo cierto es que hay diferencias entre lo que se proclama y lo que efectivamente se propone en el presupuesto 2011 para una de las piezas maestras del milagro de inclusión educativa que se dice protagonizamos en este país.
escrito Por el Profe Luis Bravo www.LuisBravoj.blogspot.com