Al hablar de Educación para Todos (EPT) como objetivo político y meta de la UNESCO en la presente década, ¿sería posible reducir el derecho universal a la Educación apenas al primer nivel de enseñanza? ¿Es posible democratizar de facto el acceso a la Educación reduciéndola a una única etapa de formación? En consecuencia, ¿cómo enfocar el mandato delegado a UNESCO (EPT)) sin colocar tambiÉn como horizonte el derecho de todos lo jóvenes a la Educación Superior? Basta analizar las tasas de cobertura bruta en Educación Superior en nuestra región para verificar que es necesario invertir en Educación Terciaria para garantizar, de facto, equidad de oportunidades a todos los jóvenes con edad comprendida entre los 18 y 24 años. Ciertamente, no es más posible convivir con las aún existentes tasas de analfabetismo en algunos de nuestros países; tampoco es posible ignorar las enormes distancias que aún nos separan de la universalización de la Educación Básica, así como tambiÉn se precisa superar la baja calidad de tantas escuelas. Son desafíos importantes, fundamentales, innegables. Pero resulta igualmente inaceptable que se excluya de la formación de nivel superior a generación tras generación de jóvenes latinoamericanos y caribeños, y que se mantengan tasas de cobertura incompatibles con cualquier proyecto sustentable de desarrollo. La Educación no es gasto, es inversión, así lo sabemos todos, y así lo repiten los gobiernos. Más transcribir palabras en acciones efectivas y continuas, ese es justamente el desafío de nuestro tiempo, y a ello debemos direccional todos nuestros esfuerzos.
Por todo ello, es muy bien recibido el reciente documento del G8 aprobado el día 16 de Julio en Moscú. En este documento titulado “Educación para Sociedades Innovadoras en el Siglo 21″, los líderes del G8 reafirman su compromiso con la Educación para Todos; reconocen la importancia de que sean desarrollados sistemas educativos modernos y efectivos, capaces de responder a los desafíos de una economía global basada en el conocimiento, y “exhortan a la inversión en el ‘Triángulo del Conocimiento’ – Educación (incluyendo formación continua), Investigación e Innovación”. ¿Es posible realizar esas propuestas sin un parque universitario robusto, calificado y productivo? La lógica y el buen sentido indican que no. Ana Lucía Gazzola Directora de la UNESCO-IESAL
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