Sobre la reforma educativa

El Universal
El rediseño del sistema educativo, conocido a cuentagotas y de manera extraoficial por los venezolanos, se une a la reforma de la Constitución y sus diferentes aspectos, para conformar, al menos en los útimos días, una especie de hito informativo que centra la atención general. No obstante, no es lo informativo lo más importante. Los fundamentos del Sistema de Educación Bolivariano se conocen en algo gracias a que docentes y maestros que estuvieron recientemente en un curso de formación entregaron el material de trabajo a algunos medios. Un extraño mecanismo para que la ciudadaní­a se entere y participe en una materia vital para la sociedad.

 

Los jóvenes, entre otras cosas, se formarán en marxismo-leninismo y participarán en redes informativas cuyo objetivo será defender la patria, tendrán que trabajar en alguna fase de la Misión Barrio Adentro, sabrán cuál es el ideario bolivariano, el socialismo del siglo XXI, el árbol de las Tres Raí­ces; serán protagonistas de procesos de transformación social, recibirán una educación integral y para la vida, sabrán qué es la dominación imperialista, entenderán de qué se trata el comunitarismo y la visión colectiva frente a la individual. Apenas es una panorámica.

Sectores vinculados a los gremios de profesores, colegios e instituciones educativas observan rasgos de extremo individualismo, autoritarismo y carga polí­tica interesada que hacen del proyecto un elemento de controversia y que amerita un intenso y transparente debate que, ciertamente, no ha ocurrido. Muchos expertos, además, encuentran riesgosas similitudes entre el proyecto local y el actual sistema cubano. Y, justamente, de eso se trata. Se polariza de inmediato la discusión, se politiza el debate y, al final, luego de anulada la legí­tima participación, será lo impuesto desde el poder lo que salga airoso.

Isabel Pereira Pizani, coordinadora de Políticas Públicas del Cedice (Centro de Divulgación del Conocimiento Económico), es socióloga con estudios de cuarto nivel en Francia, ha dedicado los últimos meses a recorrer la Venezuela profunda en un intento por llevarle la contraria a la doctrina oficial y crear lazos de intereses comunes entre trabajadores y patronos. Pero, al lado de esta tarea con ribetes quiméricos, también se ha declarado en campaña personal contra la reforma educativa que promueve el Gobierno: “La propuesta del hombre creativo robinsoniano contiene unas tremendas contradicciones porque pretendes crearlo en un atmósfera dentro de la cual cercenas la libertad del individuo. Es la arremetida, el golpe de Estado de las viejas utopí­as fracasadas. El fin último de la reforma educativa es sustituir al actual hombre venezolano por el actor que recita y actúa según el guión de la presunta revolución socialista”.

-Según eso, hay que temer tanto o más a la reforma educativa que a la constitucional.

-En la medida en que Chávez se va metiendo en la teorí­a polí­tica empieza a lanzar conceptos que considera importantes. Desde que se iniciá en el estudio de Gramsci y de su teorí­a sobre el bloque histórico, planteá que los grandes enemigos de la revolución son el sistema educativo, los medios de comunicación y la Iglesia, portadores de valores aceptados por los venezolanos. La consigna, entonces, es arremeter contra esos enemigos, aniquilarlos y sustituirlos de la misma forma como se hizo con los poderes establecidos.

-¿De qué manera se expresa esa intención en la reforma educativa?

-En la idea de un hombre centrado en lo local, en lo endógeno, que no mira más allá¡ de su propia comunidad. En ese sentido, la educación pierde su cualidad de portadora de valores universales. No es humanista en cuanto sea posible generar posibilidades creativas reales en el hombre. Su propósito es destruir al venezolano tal como lo conocemos y edificar “un hombre nuevo”.

-¿Cómo se define ese hombre nuevo?

-¿Hay alguien en el mundo que pueda decir cómo debes ser? ¿De imponerte un destino sobre tu libertad de decidir tú mismo?

-Claro que sí y con justificaciones éticas porque todo será en beneficio de un colectivo dentro del cual se funde el individuo.

-Entonces la reforma educativa no es otra cosa sino el hombre nuevo para el socialismo del siglo XXI.

-¿O la reforma educativa para el hombre viejo del socialismo del siglo XX?

-Si algo hemos aprendido de la Historia es que todos los intentos por construir el hombre nuevo acaban en genocidios. Mis compañeros de estudios en Francia, que vení­an de los paí­ses donde se quiso imponer la utopí­a, nos contaban unas experiencias en las cuales sólo habí­a dos protagonistas: el Estado y el partido. La libertad estaba sepultada. La reforma educativa es el regreso a ese pasado ya desechado, a la tesis endógena con tintes indigenistas y completamente apartada del mundo. Sólo que, al mismo tiempo, el proyecto es rechazado por la mayorí­a de los venezolanos y por eso la gran batalla se dará en el campo educativo. A la postre esto resulta más importante que cualquier otra cosa.

-¿En qué tipos de contenidos y de qué manera se expresa esa concepción que has definido dentro de un marco general?

-Se manifiesta, sobre todo, en el abandono de la tarea educadora propiamente dicha para asumir una escuela vinculada más a la acción y al que hacer práctico cotidiano, que a la formación de un hombre universal. La escuela se convierte en una instancia organizativa, dentro de la comunidad socialista, para emprender tareas específicas dentro de una sociedad cerrada. Un hombre que se limita a hacer, a fabricar, que sólo piensa en lo que se le ha dicho que piense. Por supuesto que allí­ habrá un libro único.

-El ministro de Educación dijo que eso era falso. Que habrá muchos libros porque son muchos los contenidos y los niveles educativos.

-Así es, pero el contenido ideológico y filosófico será el mismo. Aquí­ la pluralidad y la diversidad están negadas.

-¿Dónde aparecen, en concreto, los contenidos marxistas que se han denunciado?

-En la concepción de la comunidad endógena, basada en la propiedad colectiva y en la producción social. En el hombre entregado a la causa del colectivo y sin ninguna consideración por su propia individualidad. Una capacidad creadora encerrada entre barrotes. A crear no se enseña porque el requisito de la creación es la libertad. Además, ¿cómo me va a enseñar a ser creativo un militar comunista si los militares y comunistas son seres de disciplina, de orden y de obediencia? Lo que necesita la creación es expansión, sobrepasar lo establecido.

-Más allá de eso, ¿hay contenidos que se refieran expresamente a categorí­as marxistas como la lucha de clases, la liquidación de la propiedad privada, la dictadura del proletariado o el materialismo dialéctico?

-Es posible que, por ahora, ellos no expliciten con claridad todas las categorí­as marxistas dentro de su planteamiento, pero cuando hablan de la creación de la nueva sociedad, basada en los principios del colectivismo, el endogenismo y el localismo, están definiendo fundamentos alrededor de los cuales va a girar la escuela venezolana.

-¿Es viable esa concepción?

-Creo que es imposible aplicarla. Por un lado vemos la fuerza del Gobierno queriendo imponer las cosas y, por el otro, constatamos el terrible fracaso de los consejos comunales que pronto veremos en las escuelas. Tendrí­as que importar un ejército nuevo de maestros, con otra mentalidad, que no crean en la propiedad, que denigren del desarrollo individual y de la ganancia, para lograr ese objetivo. Hay toda una serie de valores acendrados en el venezolano común, sembrados durante el período democrático, que será muy difí­cil, por no decir imposible, desterrar.

-Pero esas son las características de las revoluciones: borrán y cuenta nueva. Derribar los muros del viejo mundo y crear uno nuevo.

-La verdadera revolución está en el reto de transformar el Estado rentista, democratizar la propiedad y darle oportunidades a todos. Que los venezolanos puedan alcanzar la plenitud de su desarrollo humano. Esa serí­a una revolución de verdad, no fortalecer el Estado rentista y utilizarlo como cuña para montar una utopí­a fracasada. Por eso insisto en que la educación será un privilegiado campo de batalla porque en ella están puestas las esperanzas de los viejos utopistas en construir el hombre nuevo, encarnación de la revolución venezolana.

-Hablas de un campo de batalla, pero la educación no aparece contemplada en la propuesta presidencial de reforma constitucional.

-No aparece en términos convencionales, pero es un campo de batalla porque necesariamente se va a dar una confrontación entre los maestros, las familias, las comunidades y las autoridades, empeñadas en imponer los contenidos. No se trata de una lucha de los partidos contra el Gobierno, sino de una pelea diaria que se vivirá en todo el país. La gente nos dice, porque nosotros estamos en las comunidades, que lo peor que puede ocurrir es que el estado se apodere de todo. Lo dicen en los barrios de Caracas, pero también en las comunidades campesinas de Lara. Los campesinos advierten que ellos no van a trabajar para mantener flojos en nombre de un colectivismo. Que ellos quieren su pedazo de tierra para trabajarla. Esa es una mentalidad firmemente establecida.

-Si afirmas que ese proyecto educativo está condenado al fracaso, ¿no se hace innecesaria, entonces, esa batalla de la que hablas?

-Es que nada está escrito.

-Pero has dicho que es imposible lavarle el cerebro a los venezolanos.

-Por primera vez el Gobierno se enfrenta a una verdadera oposición, la gente, enfrentada a un designio que rechaza. Chávez se ha topado con una barrera muy dura y va a chocar contra ella. La Historia nos dice que esas batallas están perdidas (para quien quiere imponer sus ideas por la fuerza) hacia el futuro, pero que mientras llegan a ese punto los perdedores pueden ser criminales. Yo estudié en Francia con los camboyanos y todos sabemos qué fue lo que ocurrió allá­.

 

Tomada completa de (Megaresistencia)

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