El Fuego y la Técnica

CUENTA Protágoras que, al crear a los seres vivientes, los dioses del Olimpo encargaron a Epímeteo y Prometeo repartir entre ellos los dones naturales. Epímeteo propuso a su hermano hacerlo él mismo dejándole la tarea de comprobar después que todo funcionaba bien, a lo que Prometeo accedió. Se empeño entonces en distribuir las facultades de modo que existiese un equilibrio entre los seres vivos, dando a uno la fuerza, a otro la velocidad, a otro una coraza protectora, etc., pero, poco previsor, al llegar al hombre se encontró con que ya no le quedaba nada por repartir, de modo que lo dejó desnudo e indefenso. Prometeo, al comprobar el desastre producido por su hermano, ideó una solución: fue al cielo y robó el fuego y otras técnicas para dárselos a los hombres, lo que enfureció a los dioses y le valió un terrible castigo: ser atado a un peñasco en el cáucaso y que su hígado fuera devorado todos los días por un águila y regenerándose por las noches hasta que, al cabo de treinta mil años, fue liberado por Hércules.
Con el fuego y la técnica, Prometeo aproximó los hombres a los dioses e hizo de ellos seres no determinados por su naturaleza, sino capaces de liberarse de ésta y trascenderla.
La Educación es el fuego de los dioses que permite a los hombres dominar su vida y su entorno, sin permanecer atados por los límites de sus dones naturales, y la escuela de masas y el profesorado fueron, en su momento, las fuerzas prometeicas portadores de ese fuego. Algunos pagaron, de hecho, un alto precio por hacerlo. O tal vez sólo por hacerlo más allá de lo que se esperaba que lo hicieran. A veces con el acuerdo de los dioses, a veces contra ellos, se empeñaron en difundir un fuego que les alimentaba a ellos y que juzgaban necesario y beneficioso para los demás. Esa tarea que ha de renovarse para cada generación, sigue hoy más vigente que nunca, pero precisamente por ello alcanza unas dimensiones que aparecen, a veces, situarla más allá de las fuerzas de la institución escolar y de sus agentes.

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Es entonces cuando éstos abrumados a veces por la tarea, han de elegir uno de los dos caminos.

Pueden seguir a Epímeteo el que miraba hacia atrás, que dejó a los humanos abandonados a su suerte pero no atrajo sobre sí la ira de lo alto; es lo que hacen aquellos para los que cualquier tiempo pasado fue mejor: cuando había menos alumnos, cuando no había crisis, cuando el nivel era más alto, cuando éramos catedráticos, cuando podíamos suspender, cuando no había consejos….o pueden seguir a Prometeo, el que miraba hacia delante y arriesgarse a entregar a los hombres el fuego robado a los dioses, es lo que hacen quienes apuestan por la responsabilidad personal, la actitud innovadora, el trabajo en equipo y la colaboración con el entorno, en el empeño de movilizar a todos los recursos para ayudar a formarse a futuros ciudadanos libres e individuos plenos.
Epímeteo, desde luego se ahorró problemas pero no fue muy apreciado por su obra, Prometeo pagó un alto costo por su decisión, pero obtuvo también todo el reconocimiento que los hombres podían darle.

Tomado del libro “Educar en tiempos inciertos” de Fernandez Enguita

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