Educación basada en Competencias
Artículo enviado por Iñico Lopez
La moraleja del cuento se puede obtener a día de hoy, año 2008 y no quizá cuando fue escrita, en los años 30.
En los años 30, se seguía el modelo de escuela tradicional en la educación en la mayoría de los países occidentales. Sin embargo, hacia los 70, en los países europeos escandinavos, se implementó un nuevo modelo educativo a nivel de bachillerato que hoy en día se ha extendido a más de 12 países europeos que, a grandes rasgos, corresponden con los países que han obtenido una mayor en nota en eficiencia educativa. Estoy hablando de la educación basada en competencias.
Dicha educación se basa, a su vez, en las inteligencias determinadas o visualizadas por Howard Gardner. Dicho educador, psicólogo, neurólogo e investigador de la Universidad de Harvard, definió inteligencia como una destreza que se puede desarrollar, sin negar en ningún momento, el componente genético.
En la escuela tradicional se observan 2 características:
1) La educación consiste en una mera transmisión de conocimientos.
2) Se enfoca las actividades a realizar en función de lo que el alumno no alcanza a hacer que a las capacidades que aún no ha desarrollado (inteligencias múltiples de Gardner).
En los años 70, basada en la teoría de Gardner de las inteligencias múltiples, y mediante el desarrollo de proyectos haciendo uso de varios ejes competenciales, se obtiene mejor eficiencia educativa. Mediante estos proyectos, un mismo contenido educativo puede ser aprehendido por el alumno mediante varias vías. Hay alumnos muy buenos en música pero pésimos en matemáticas. O muy buenos en idiomas pero pésimos en pintura. Las razones pueden ser varias, pero una de ellas, sin duda, reside en las capacidades innatas con las que nacemos y que son desarrolladas en menor o mayor medida posteriormente en nuestro desarrollo.
Cuando queremos enseñar historia a un alumno no muy hábil con la lectura pero hábil en pintura, obtendremos mejores resultados (especialmente el alumno, que es el principal interesado en última instancia) si intentamos enseñarla mediante cuadros, por ejemplo (simplificando enormemente el proceso).
En un escuela tradicional, en la que dicho alumno debería estudiarse 5 páginas de la lección de la REVOLUCIÓN DE OCTUBRE, dicho alumno, sin duda, se toparía con numerosas dificultades en el proceso.
En la nueva escuela consistente en enseñanza por competencias, se trataría de crear proyectos en donde el contenido a aprender podría ser recibido mediante actividades en donde se usasen cuadros artísticos de esos años, primero, actividades en donde tuvieran que trabajar en grupos de determinada forma sobre la información obtenida, etc.
En este cuento se puede ver cómo se requiere que el pato vuele tan bien como el águila, que el águila obedezca tanto como el pato y que el pato corra tan bien como el conejo. No es realista. De la misma forma, en las aulas, es irreal e injusto pretender que todos los alumnos (todos ellos, seres distintos, con distintas capacidades) sean buenos en todas las habilidades.
Sí es realista, en cambio, y más aún, justo, el enfocar la enseñanza como un medio para el desarrollo de determinadas competencias, en donde por diversas vías, los alumnos puedan desarrollar sus múltiples, aunque distintas, capacidades al máximo nivel. Que el conejo corra, nade y trepe lo mejor posible, pero no pretender que nade tan bien como la anguila. Y que, por ejemplo, que el águila corra y vuele lo mejor que pueda, pero no pretender que corra tan bien como el conejo.
Todo esto con un claro objetivo: crear personas felices y completas.
Escrito por Íñigo López.
thepowerofonexxi@hotmail.com
